CONIAM 2019, Con Joselito en el corazón

Del 14 al 17 de febrero de 2019 celebramos en la Diócesis de Zamora, Michoacán, el XVIII Congreso Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera (Coniam). El evento tuvo como subsedes a Zamora, San José de Gracia, San Pedro Caro, Venustiano Carranza, Jiquilpan de Juárez y Sahuayo de Morelos. Bajo el lema del congreso, “Con Joselito en el corazón, misioneros de vocación”, el Club de Niños Misioneros de Guadalupe realizó diversas actividades de animación misionera destinadas a favorecer el desarrollo de la fe en la niñez y adolescencia mexicana.

“Joselito”, o san José Sánchez del Río, es un ejemplo a seguir para la niñez y juventud católica, de ahí que sea el santo patrono de la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM). Este santo adolescente, nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo. Cuando tenía trece años, sus hermanos mayores, se unieron a los cristeros para defender la causa de Nuestro Señor Jesucristo al decretarse la suspensión del culto público. José quiso seguir a sus valientes hermanos y escribió al jefe cristero de su región para ser admitido en las filas bajo su mando, él lo rechazó pero el adolescente insistió en ocupar, por lo menos, el puesto de asistente: podía engrasar las armas, cuidar a los caballos y preparar la comida. El jefe cedió a su fervor y ya en el campamento, en el que acostumbraba dirigir los rezos del santo rosario, supo contagiar a sus compañeros cristeros su ánimo, alegría y el valor para defender su fe.

El 5 de febrero de 1928 fue capturado durante un enfrentamiento con el ejército de Plutarco Elías Calles, cerca de Cotija. Fue martirizado y asesinado mientras clamaba vivas a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe el 10 de febrero de 1928, día en que, actualmente, se le conmemora en las diócesis de México, por autorización de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. José Sánchez del Río fue beatificado el 20 de noviembre de 2005 y canonizado el 16 de octubre de 2016 por el Papa Francisco. Hoy sus restos reposan en el templo parroquial de Santiago Apóstol, en Sahuayo, Michoacán.

Bajo la tutela de esta santa figura, que es paradigma de fe y testimonio, los niños y adolescentes del Coniam 2019 celebraron su fe en Cristo y fortalecieron ampliamente sus anhelos de servir, tanto material como espiritualmente, a la gran Misión de la Iglesia universal: hacer presente a Cristo en todo el mundo.

Durante los cuatro días que duro esta celebración de fe no faltaron las actividades festivas y en las diversas sedes los asistentes participaron en la feria misionera, las animaciones y varios eventos culturales que abrieron el escenario a la representación de bailes típicos en los que se expresó la riqueza cultural de nuestro país.

El domingo 17, en la Celebración Eucarística de clausura que tuvo lugar en Sahuayo, Monseñor Carlos Garfias, Arzobispo de Morelia, destacó el papel de san José Sánchez del Río. El obispo señaló que, con Joselito en el corazón, en este Coniam 2019 los niños y adolescentes habían renovado su fe y aprendido como ser mejores discípulos misioneros de Cristo, una tarea en que todos los asistentes al congreso –niños, adolescentes, animadores y educadores misioneros– están comprometidos, así como lo estamos todos los bautizados.

En su Homilía Monseñor Garfias retomó el Evangelio leído aquel día (Lc 6, 17. 20-26), en el que se aludió al sermón de la montaña y a las bienaventuranzas, las cuales nos plantean las paradojas y retos de ser cristianos. Las bienaventuranzas, señaló el Obispo de Morelia, sólo se entienden cuando nuestra vida está dirigida por Cristo, son un llamado a estar alegres, felices, y nos invitan a confiar en Jesús. Con ellas aprendemos que el valor de las cosas no se mide por el placer inmediato que éstas nos proporcionan; las bienaventuranzas son una puesta en cuestión de los valores del mundo actual, pues quienes están apegados a la tierra nunca alcanzarán el reino de los cielos.

Joselito, dijo monseñor, fue y es un bienaventurado, pues, como lo dijo el mismo Jesucristo, son felices aquellos perseguidos por su causa. Y él, pese a ser sólo un adolescente, asumió esa bienaventuranza con alegría, por eso, antes de morir por Cristo, le dijo a su madre: “nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora”.

La adolescencia, señaló el obispo, es una etapa de la vida caracterizada por la búsqueda de un modelo para identificarse, de un ideal que guie la vida. Joselito lo encontró en Cristo, por eso es un ejemplo a seguir por nuestros adolescentes hoy. Al finalizar su Homilía, el obispo encomendó el fruto del Coniam 2019 al santo mexicano y pronunció su deseo de:

que todos los niños y adolescentes misioneros de nuestro México, por su intercesión, alcancen la gracia de ser como él: fuertes en la fe, seguros en la esperanza y constantes en la caridad.

Para los Misioneros de Guadalupe fue un placer participar en esta fiesta de fe y animar a los niños y adolescentes a ser mejores discípulos misioneros de Cristo. ¡Que, como Joselito, todos los niños y jóvenes sean bienaventurados!

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