El sí definitivo

El jueves 28 de septiembre, feligreses de Coatzacoalcos, en Veracruz, engalanaron la Catedral de San José para la Celebración Eucarística en la que el diácono Ezequiel Reyes Alejandro, MG, dio el sí definitivo al llamado que el Señor le hizo.

Tras la entrada de las banderas misioneras y el estandarte de la Virgen de Guadalupe, se inició la Eucaristía a las 18:00 horas, con una asistencia de más de 900 personas. La Misa fue presidida por Mons. José Rutilo Muñoz Zamora, Obispo de Coatzacoalcos, y concelebrada por los Padres MG Eugenio Z. Romo R., Vicario General de Misioneros de Guadalupe, y Gunther Alejandro Weigend H., Rector del Seminario Mexicano de Misiones, así como por la comunidad de Misioneros de Guadalupe. En el servicio al altar estuvo el diácono Francisco Manuel Flores N., MG.

Al concluir la lectura del Evangelio (Lc 10, 1-9), a cargo del diácono Francisco, el Padre Gunther dio inicio al rito de ordenación con el llamamiento y presentación como candidato del diácono Ezequiel, quien, antes de responder al llamado, pidió la bendición de sus padres, Natividad Alejandro Santos y Carmen Reyes Castillo.

Después de ser elegido candidato para el orden de los presbíteros, el diácono Ezequiel se sentó cerca de Mons. Muñoz para escuchar las palabras que le dirigió durante la homilía:

Hoy es un día muy especial para la Iglesia. […] Un día para agradecer al Señor lo que es el sacerdocio ministerial: un regalo de Dios para el mundo. […] Hoy tenemos la experiencia vocacional de Ezequiel: desde su familia que es siempre el  primer semillero, ahí donde se recibe no solamente la vida, sino donde se aprende a recibir el amor de Dios, a compartirlo, a irlo desarrollando, sobre todo cuando llegó el momento de su opción vocacional. […] Pues esa experiencia está llegando a un punto muy importante […] hoy ha llegado el día para recibir el segundo grado de este ministerio sacerdotal, que es el presbiterado. Nos sentimos todos contentos porque este regalo de Dios una vez más llega a nosotros.

Monseñor Muñoz también le recordó que ha sido elegido para anunciar la Buena Nueva y tocar los corazones de sus hermanos, así como para consolar a los afligidos a causa de la violencia y la pobreza tanto material como espiritual. Para finalizar su homilía, el Obispo solicitó a los presentes que pidan para que lo más importante en el ministerio sacerdotal de Ezequiel sea su pasión por Cristo y por la gente, y que como sacerdote sepa transmitir el amor y la misericordia de Dios a todos:

Querido Ezequiel, lo más importante es que estés lleno de la alegría del Señor, que se pueda ver y sentir que eres una persona llamada y enviada por el Señor, que estás lleno de amor por el Señor y por los tuyos, y que estarás siempre invadido de la alegría del Evangelio.

A continuación, ante el Obispo de Coatzacoalcos y la feligresía ahí reunida, el candidato expresó su libre voluntad de ejercer el presbiterado y prometió obediencia al Obispo y sus superiores colocando sus manos juntas entre las de Monseñor Muñoz.

Posteriormente, siguiendo una antigua tradición de la Iglesia, los feligreses y sacerdotes reunidos imploraron la intercesión de los santos para que derramaran su gracia sobre el futuro sacerdote, que yacía postrado en el suelo en actitud de oración.

Luego de la letanía de los santos, el Obispo de Coatzacoalcos transfirió el poder ministerial al candidato imponiendo sus manos sobre la cabeza de Ezequiel, gesto que también realizaron todos los presbíteros Misioneros de Guadalupe presentes y revestidos de estola. En seguida, Monseñor Muñoz pronunció la Plegaria de ordenación. Ambos signos, la imposición de manos y la plegaria, constituyen el Sacramento del Orden: Ezequiel, desde ese instante, ya es presbítero.

En la última etapa del rito de ordenación, el Padre Ezequiel recibió los signos propios de su nuevo ministerio. Primero, fue revestido con la estola y la casulla por el P. Christian Janson, marianista, quien lo bautizó cuando era párroco de la parroquia a la que pertenece Ezequiel; después recibió la unción de manos, que representa la fuerza del Espíritu Santo y lo consagra al ministerio sacerdotal; en seguida, la patena y el cáliz, un recordatorio de que debe de celebrar la Eucaristía con fe y devoción; y por último, el abrazo de paz, que significa su unión al orden sacerdotal. Al concluir el rito, los feligreses expresaron su alegría inundando la catedral con cientos de aplausos.

Al concluir la Celebración Eucarística, el neosacerdote Ezequiel dio un mensaje en el que agradeció especialmente a Dios y pidió a los presentes que también se muestren agradecidos con Él hoy y siempre. El Padre Eugenio también aprovechó el momento para, en nombre de Misioneros de Guadalupe, dar gracias a Monseñor Muñoz por haber ordenado al Padre Ezequiel, reiterando que nuestro Instituto es una obra del episcopado mexicano, al que nos encomendamos.

¡Muchas felicidades, Padre Ezequiel! La Iglesia católica misionera se regocija en esta noticia y encomienda tu camino como sacerdote al Señor que te llamó a esta vocación y a la Estrella de la Evangelización que guía, conduce e ilumina la Misión de la Iglesia junto con el Creador.

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Monseñor Escalante, su entrega a la Misión, nuestra gran inspiración. 50 aniversario luctuoso.