Un obispo misionero

Han sido muchos los países del mundo y estados de México que se beneficiaron del ímpetu misionero de Monseñor Escalante, pues tal era su ánimo ante la propagación del Evangelio que se le llegó a conocer como el Monseñor Sputnik¹ . En la lista de esos privilegiados lugares, y para gloria de Dios, se encuentra el estado de Jalisco.

En el itinerario de viajes de Monseñor Escalante, Jalisco tiene un lugar especial al haberse convertido, gracias a la generosidad de dos humildes corazones católicos, en el estado sede del Seminario Menor de Misioneros de Guadalupe, que, tras muchos vaivenes, actualmente se localiza en Tlaquepaque.

Por esa razón, el 21 de junio, día que se cumplió medio siglo del fallecimiento de quien fue la herramienta de Dios en la Tierra para cumplir el anhelo del episcopado mexicano de un seminario de misiones, los Misioneros de Guadalupe ofrecimos, en acción de gracias, una Celebración Eucarística.

Antes de la Eucaristía, el Señor Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, quien amablemente aceptó presidir esta Misa in memoriam, dirigió una oración ante el busto de Monseñor Escalante que se encuentra en las instalaciones del Seminario Menor.

En la oración, recitada por todos los sacerdotes Misioneros de Guadalupe presentes, dimos gracias al Creador por haber suscitado en su siervo Alonso Manuel Escalante la vocación misionera y un profundo amor por la Iglesia; además, pedimos la intercesión de nuestro cofundador para que, a su ejemplo, continuemos siendo los propagadores de la fe que siempre deseó para el Cuerpo de Cristo:

Padre misericordioso, que la intercesión de Mons. Escalante acompañe en todo momento al Episcopado Mexicano, a los Misioneros de Guadalupe en las Misiones y en México, a los Misioneros Asociados, a los bienhechores del Instituto y a los seminaristas.
A ejemplo suyo, concédenos la gracia de ser misioneros alegres, generosos, valientes y audaces.

Tras la oración de agradecimiento, comenzó la Misa después de las 12:30 horas, y ella concelebraron el P. Raúl Ibarra H., MG, Superior General de nuestro Instituto, y el P. Eugenio Z. Romo R., MG, Vicario General de Misioneros de Guadalupe.

La Eucaristía contó con la asistencia de la comunidad de Misioneros de Guadalupe, tanto de Jalisco como de la Ciudad de México y de algunas Misiones, entre ellos los Padres Mayores del Instituto; de algunos colaboradores laicos cercanos al obispo Escalante: los señores José Luis Solís y Antonio Contreras, éste último exseminarista de Misioneros de Guadalupe, y la señorita Julieta Íñiguez Rodríguez; así como de alumnos y representantes del Colegio Alonso Manuel Escalante y Escalante.

Antes de que iniciara la Celebración Eucarística, el Padre Raúl Ibarra agradeció al Señor Cardenal José Francisco Robles su disposición para presidir la Eucaristía. Por su parte, tras la lectura del Evangelio (Mt 28, 18), el Señor Cardenal manifestó en el inició de su homilía que se sentía lleno de gozo por presidir esta Misa de agradecimiento:

Quiero manifestar en primer lugar mi gozo, mi alegría, de estar compartiendo esta celebración en el cincuenta aniversario de la partida de este mundo a la Casa del Padre del Señor Obispo Alonso Manuel Escalante. Y me llena de gozo estar compartiendo esta celebración escuchando la palabra, la palabra que da sentido a una vida y que da sentido a una obra, a una obra de la Iglesia; la obra de los Misioneros de Guadalupe.

Y retomando el Evangelio, dijo que Jesús había elegido a cada uno de los Doce porque deseaba compartir la obra que el Padre Celestial había puesto en sus manos y que a esa lista de nombres de los elegidos había que añadir el de nuestro cofundador:

Ante esta revelación de la Palabra de del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, nosotros podemos, con toda verdad y con todo derecho, irle añadiendo a esa lista de los Doce, los nombres… Alonso Manuel lo llamó […] Pongamos los nombres inmediatamente después de la lista de los Doce, y es con toda verdad, con toda autenticidad, que nosotros podemos incluirnos, enumerarnos, porque el Señor, viendo la inmensa multitud de la que él se compadecía, sabía que necesitaba más operarios y Él nos llamó, Él nos eligió por pura bondad, por pura gracia, nos llamó por nuestro nombre

Al finalizar la Celebración Eucarística, el Padre Rodolfo Navarro G., MG, hizo uso del micrófono para hablar sobre el secreto de la obra de Monseñor Escalante:

Uno de los secretos de Monseñor Escalante es siempre su devoción a la Santísima Virgen. En efecto, Monseñor Escalante busca a María en los grandes momentos de su vida. […] María de Guadalupe vivía en el corazón de Monseñor Escalante. María estuvo en su ordenación bajó la devoción de Nuestra Señora de Meryknoll ahí en el alma mater en Nueva York. María acompañó a Monseñor desde su primera comunión, en su ordenación y episcopal. Hay sin embargo en la vida de Monseñor Escalante otros gestos que nos hablan de su mariología de forma vivencial. No quiso que el trabajo cumbre y último de su vida estuviera fuera de las manos amorosas de María. Me refiero a la fundación del Seminario de Misiones…

A continuación, nuestro Superior General dio nuevamente gracias al Señor Cardenal José Francisco Robles y le obsequió el libró Monseñor Alonso Manuel Escalante y Escalante. Una vida en quince viajes, la última biografía impresa del Vagabundo de Dios y escrita por el P. José Chávez C., MG, (QEPD).

Los Misioneros de Guadalupe estamos muy agradecidos con el Creador por permitirnos honrar la memoria de Monseñor Escalante a cincuenta años de su nacimiento a la Vida Eterna y por haber nacido, como Instituto, gracias al trabajo de un religioso ejemplar y alegre respaldado por el episcopado mexicano.


[1] P. Ricardo Colín Negrete, mg, Un vagabundo de Dios, segunda parte, Editora Escalante, 2003, pág. 516

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Monseñor Escalante, su entrega a la Misión, nuestra gran inspiración. 50 aniversario luctuoso.