Más cerca del sacerdocio

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En una fecha muy significativa, el sábado 20 de agosto, día de san Bernardo de Claraval ―conocido también como _Cazador de almas y vocaciones_, pues quien le escuchaba hablar sobre la vida religiosa pedía su ingreso a alguna congregación―, el seminarista Gilberto Escobedo Salinas dio un paso importante al recibir el Sacramento del Orden, en el grado de diácono, de manos de Monseñor Crispín Ojeda Márquez, Obispo de la VI Vicaría de la Arquidiócesis de México.

Antes de este día, el jueves 18 de agosto, Gilberto signó ante los Padres MG, Raúl Ibarra H., Superior General de los Misioneros de Guadalupe, y Günther Alejandro Wiegend H., Rector del Seminario Mayor de Misiones, su Juramento de pertenencia al Instituto, documento en el que también firmaron como testigos los Padres MG Salvador Rojas V. y Francisco Trujillo Z.

 

 

La Celebración Eucarística de la ordenación diaconal se llevó a cabo en la Capilla central del Seminario Mayor de Misioneros de Guadalupe, en donde se dieron cita amigos, familia y comunidad MG para presenciar un momento muy emotivo en la formación sacerdotal del seminarista Gilberto. La Misa fue presidida por Monseñor Crispín Ojeda y concelebrada por los Padres MG Raúl Ibarra y Günther Alejandro Wiegend, así como por Padres MG.

Tras la liturgia de la Palabra, el seminarista Gilberto fue simbólicamente entregado a la Misión de la Iglesia por su familia, de la cual, representada por su madre, recibió una amorosa y tierna bendición.

A continuación, Monseñor Crispín dirigió algunas palabras a Gilberto:

Me hago portavoz de la gratitud y felicitación de la Iglesia por haber engendrado y donado amorosamente a uno de sus hijos para el ministerio y la Misión de todos los pueblos. Que Dios los bendiga a usted y su familia […] damos hoy gracias a Dios porque te ha llamado, porque te eligió sin merecimiento alguno de tu parte, pero gracias también a ti por tu , por tu respuesta generosa al llamado recibido. […] Gilberto […] debes pues reproducir en tu vida y ministerio la predilección de Jesús por los más pobres, por los pecadores, por los aquejados y necesitados. Pedimos al Señor resucitado y glorificado a la derecha del Padre, por intercesión de Santa María de Guadalupe, lleve a buen término la obra que en Gilberto ha comenzado. Que así sea.

En seguida, Gilberto fue llamado a postrarse para que los feligreses presentes pidieran la intercesión de los santos. Posteriormente, el obispo impuso sus manos sobre la cabeza del elegido, el momento central de la ordenación, y luego entregó a Gilberto ―que, ayudado por sus padrinos Andrés Díaz L. y Reyna Chávez G., ya estaba revestido con la estola cruzada  al pecho― las insignias propias del diaconado: el Libro de los Evangelios y un saludo de paz. Tras el abrazo, familia, amigos y comunidad MG expresaron su alegría con un fuerte aplauso.

Al finalizar la Celebración Eucarística, el Padre Raúl también dirigió algunas palabras de gratitud al neodiácono y a su familia:

También queremos agradecerte a ti, diácono Gilberto, [..] tu , tu generosidad para responder al Señor. […] Muchas gracias, Gilberto, junto contigo también quiero agradecer a tu familia, a tu mamá presente […] Señora, muchas gracias por entregar a un hijo a la Iglesia.

¡Felicidades, diácono Gilberto Escobedo S., MG! Los Misioneros de Guadalupe oraremos por el cumplimiento de tu ministerio en la Misión de Cuba.

 

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