50 años de vida entregada a la evangelización

 

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El domingo 10 de julio, toda la comunidad de Misioneros de Guadalupe se reunió en la Capilla central del Seminario Mayor de Misiones, en la Ciudad de México, para acompañar en una Misa de acción de gracias a los Padres MG Juan José Corona L. ―quien presidió la Celebración Eucarística―, Maurilio Franco P., José Luis Ochoa V. y Juan Rivera T., así como al sacerdote diocesano Luis Troya G. ―que fueron concelebrantes―, con motivo de su L aniversario sacerdotal.

Acompañados de familiares, amigos, seminaristas y sacerdotes MG; los Padres que festejaban 50 años de vida entregada a la evangelización dedicaron algunas palabras de gratitud durante la homilía.

El primero en hablar, después de la lectura del Evangelio (Lc 10, 25-37) ―que leyó el Padre Juan―, fue el Padre Juan José:

…yo creo que tenemos mucho que reflexionar sobre cuál ha sido nuestro modo de vivir nuestro sacerdocio. Si realmente lo hemos vivido así, en este sentido, en este espíritu que nos enseña el Buen Samaritano, o si algunas veces, o muchas veces, nos hemos comportado como aquel sacerdote o aquel levita que pasaron de largo. […] Pues yo, en este día, en el que recordamos lo que sucedió hace 50 años, aquí mismo en esta capilla, aquí nos ordenamos sacerdotes; Monseñor Alonso Escalante, que de Dios goce, […] nos ordenó sacerdotes y nos envió para predicar el Evangelio, para tratar de ser como el Buen Samaritano. Quiero agradecerle a Dios todo este tiempo […] que ha sido de muchas bendiciones, muchas gracias de Dios…

A continuación habló el Padre Maurilio:

Una cosa que brota del corazón es ‘gracias’… a Dios, en primer lugar, y de una manera también muy sentida, profundamente sentida, es ‘gracias’ al Instituto, es el vehículo por el cual Dios se valió para darme el don del sacerdocio. Una idea que me ha motivado durante estos 50 años es […] fue pensar cómo es posible que un ser humano, con muchas, muchas limitaciones, imperfecciones, incluso vicios, sea capaz de tomar un pedazo de pan y decir las palabras de la consagración y convertirse en ese Cuerpo de Jesús […] Muchas gracias y sigan rezando por nosotros.

Posteriormente habló el Padre José Luis, quien señaló que siempre estuvo en las manos del Creador:

Yo le doy gracias a Dios porque ha hecho conmigo lo que ha querido. Algunas veces yo he tenido planes y proyectos, y el Señor me los ha cambiado, pero al final veo que Él me lleva de su mano, que Él me da su gracia, su sabiduría, para cumplir aquello que Él quería, y que ha sido lo mejor tanto para mí como para la Iglesia y el Instituto. Quiero agradecer a mis padres, que me enseñaron la fe, me hicieron crecer en ella; a todos los que estuvieren presentes en mi formación, especialmente a Monseñor Escalante que nos ordenó sacerdotes, y a tanta gente buena que me ha acompañado en este camino de fe. Y darles las gracias a ustedes por unirse a nuestra acción de gracias a Dios por estos 50 años de sacerdocio.

El siguiente en intervenir fue el Padre Luis con un mensaje muy emotivo y lleno de agradecimiento hacia el Todopoderoso, en el que recordó y compartió sus experiencias como sacerdote diocesano; además hizo hincapié en que los presbíteros deben de ser los primeros en estar en comunicación con el Señor.

Por último, el Padre Juan contó una anécdota de la primera parroquia en la que estuvo después de ser ordenado y llamó a los jóvenes a la vida sacerdotal.

Antes de dar por concluida la Misa, el Padre Raúl Ibarra H., MG, Superior General de los Misioneros de Guadalupe, tomó la palabra para recordar al numeroso grupo que hace 50 años fue ordenado por Monseñor Alonso Manuel Escalante y para resaltar algunas de las cualidades de los sacerdotes festejados, quienes recibieron un reconocimiento por medio siglo de vida sacerdotal.

También señaló que el número de Padres que celebran sus Bodas de Oro sacerdotales es mayor que el de los presbíteros que se ordenarán, por lo que es necesario pedir por las vocaciones; sin embargo, recalcó que ese día era especialmente para agradecer:

Hoy es el día de decir gracias por el don del sacerdocio, por la alegría de la Misión, por seguir sintiendo el amor misericordioso de Dios que nos sostiene para testimoniarlo en el mundo entero. Muchas felicidades, Padres, y que Dios los bendiga otros 50 años más.

A continuación, el Padre Ibarra presentó a un invitado muy especial: Monseñor Alejandro William Bunge, prelado auditor de la Rota Romana, quien hizo uso del micrófono para transmitir un mensaje de gran valor llegado desde Roma:

Gracias, Padre Raúl. Esto que viene ahora hay que agradecerlo a que aquí, en este seminario, y eso seguramente servirá también para provocar vocaciones, hay muy buen wi-fi, y eso me permitió tener contacto, apenas llegué aquí antes que empezara la Misa, con el secretario del Papa Francisco. Para avisarle al Papa Francisco, primero, que ya estoy volviendo a Roma a mi tarea habitual; esta noche tomo el avión. Lo segundo, que teníamos esta Celebración. Entonces, el Papa Francisco les manda decir a ustedes […] “Mándales afectuosamente mi bendición y decíles que rezo por ellos y que les pido que no se olviden de hacerlo por mí.”.

¡Felicidades, Padres, por estos 50 años de vida sacerdotal entregada a la evangelización! Que el Creador continúe guiando cada uno de sus pasos y que la Virgen de Guadalupe los cubra y proteja con su manto.

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