Mensaje del Sr. Arzobispo Leo Jun Ikenaga con motivo del primer aniversario del gran terremoto del noreste de Japón.

Reconstrucción de Japón

Este domingo 11 de marzo de 2012 se cumple un año de aquella gran desgracia, por lo cual pedimos a nuestros hermanos de todo el país que este día en especial se eleven oraciones y se celebren Eucaristías por todas las víctimas que fallecieron en esa desgracia, y pidamos también porque muy pronto nuestros hermanos damnificados puedan volver a su vida normal.

Aquel acontecimiento del 11 de marzo de 2011 no podrá borrarse nunca de nuestras mentes y de nuestros corazones. El gran terremoto que sucedió a las 2:46 de la tarde y las consecuentes destrucciones que le siguieron fueron captadas por diferentes medios de comunicación, lo cual hizo que mucha gente lejana al lugar de la tragedia se sintiera muy cercana a todo este sufrimiento. El tsunami que vino unos minutos después acabó con la vida de cerca de 20 mil personas, además de que dejó una destrucción incontable para muchas personas más.

Así mismo, el problema de los reactores nucleares de Fukushima destruyó la vida diaria de muchas personas, así como a otras tantas las ha obligado a vivir en medio del dolor y la angustia del peligro de la radioactividad. Sin embargo, a causa de esta gran desgracia también hemos podido palpar lo maravilloso que es cuando los hombres se ayudan de corazón. Tan pronto como las noticias empezaron a difundirse pudimos ver por la televisión, por ejemplo, cómo algunos jóvenes de Corea del Sur escribieron en inglés cartelones de apoyo que decían “Amamos a Japón”, “Seguramente Japón saldrá adelante de esta prueba”.

Reconstrucción de Japón

Así mismo, de diferentes partes del mundo recibimos muchos donativos, también muchos especialistas de alto nivel en energía atómica han ayudado mucho a tratar de detener el problema de los reactores nucleares.

De varias partes de Japón, muchas personas han viajado al lugar de la desgracia para ayudar en actividades de voluntariado, desde preparar alimentos a limpiar los escombros de edificios destruidos. Pero sobre todo, para expresar con verdadero cariño humano, su solidaridad y cariño por las víctimas.

Al enfrentarnos a una realidad tan triste que no se puede más que nombrar como absurda, nosotros hemos experimentado el valor y la emoción de cómo tantas personas de diferentes partes del mundo y de nuestro país se han entregado en cuerpo y alma a ayudarnos, por ejemplo, no podemos olvidar las palabras de apoyo tan sentidas dirigidas a las víctimas y damnificados que expresó el rey de Bután ante su parlamento.

Por cierto, los medios de comunicación nos han expresado como el día en que ocurrió esta desgracia en diversas zonas afectadas hubo muchas personas que ofrecieron su vida por salvar a otras. Por ejemplo, el dueño de una empresa que tenía a un grupo de jóvenes chinos que estaban recibiendo capacitación en su fábrica, como en el momento del tsunami salvó a todos sus empleados llevándolos hasta un lugar alto, y precisamente por ayudar al último empleado él fue arrastrado irremediablemente por la corriente de agua. O también cómo una mujer encargada de la estación de radio de una pequeña población, por los altavoces le pedía al pueblo que salieran pronto de sus casas para salvarse del tsunami, y precisamente por cumplir con su trabajo y ayudar a los demás, ella perdió la vida al ser arrastrada por la fuerte corriente.

De esta manera estamos cumpliendo un año de aquella terrible y triste tragedia del terremoto, el tsunami, y el accidente nuclear. Nosotros, como fieles católicos, unamos nuestros corazones y pidamos para que todas las personas que fallecieron se encuentren ya abrazados por Dios recibiendo el descanso eterno y también pidamos para que en las zonas devastadas muy pronto puedan recuperarse de la tragedia y que nuestros hermanos damnificados puedan rehacer su vida.

Nosotros, los obispos católicos de Japón, al recordar este primer aniversario de la tragedia del noreste de Japón queremos ofrecer la Eucaristía de este día junto con todos los fieles de cada una de nuestras diócesis. Pedimos por el descanso eterno de los fallecidos y la restauración de la vida de todos los damnificados.

Así mismo, junto con nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones e iglesias también realizaremos asambleas de oración con esta misma intención. Nuestro mayor deseo es que en diferentes regiones de Japón este día se celebre la Eucarisitía y se eleven oraciones junto con muchas personas, por lo que invitamos a los fieles a participar en estos diferentes momentos de oración pública que se realizarán en todas las poblaciones y al mismo tiempo les pedimos que continúen ofreciendo su oración con esta intención.

Reconstrucción de Japón

La Iglesia católica en Japón ha recibido muestras de apoyo y donativos, tanto de diferentes partes del mundo como de nuestro mismo país para ayudar a la reconstrucción de las zonas devastadas, por lo tanto, por medio de Caritas Japón y la Diócesis de Sendai utilizaremos esos donativos, y junto con nuestros hermanos católicos y con otras organizaciones sociales seguiremos apoyando el trabajo de voluntarios que atienden los trabajos de reconstrucción.

Así mismo, seguiremos apoyando el trabajo de las órdenes religiosas femeninas y masculinas y los esfuerzos que realizan las tres provincias eclesiásticas del país en las regiones afectadas que se les han encomendado por medio del servicio de voluntarios que están realizando cada una de las diócesis, para que esta gran labor de apoyo y reconstrucción siga adelante.

Reconocemos que para lograr la reconstrucción de estas zonas va a seguir siendo muy necesario el apoyo de voluntarios, para lo cual les pedimos a todos que sigamos orando y participando en esta importante labor de la reconstrucción de estas zonas afectadas.

 

11 de Marzo de 2012

Mons. Leo Jun Ikenaga

Presidente de la Conferencia Episcopal Japonesa.

Sr. Arzobispo Leo Jun Ikenaga

Traducción al español: P. Ignacio Martínez Báez, MG.

 

 

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